domingo, 3 de marzo de 2013

Manuel es un hombre libre

 Manuel trabaja treinta años sin parar, educa a sus hijos, da buen ejemplo, dedica todo el tiempo al trabajo y nunca pregunta: <<¿Tendrá sentido lo que estoy haciendo?>>. Su única preocupación es la de que cuanto más ocupado esté, más importante será para la sociedad.

 Sus hijos crecen y se van de casa, en el trabajo lo ascienden y llega un día en que recibe un reloj o una estilográfica como recompensa por todos esos años de dedicación, los amigos derraman algunas lágrimas y llega el momento tan esperado: está jubilado, ¡libre para hacer lo que quiera!

 En los primeros meses, visita una vez que otra la oficina en la que trabajó, conversa con los antiguos amigos y se da el gusto de hacer algo con lo que siempre soñó: levantarse más tarde de la cama. Se pasea por la playa o en la ciudad, tiene su casa de campo comprada con mucho sudor, descubre la jardinería y poco a poco se va adentrando en el misterio de las plantas y las flores. Manuel tiene tiempo, todo el tiempo del mundo. Viajar con parte del dinero que consiguió ahorrar. Visita museos, aprende en dos horas lo que pintores y escultores de diferentes épocas necesitaron siglos para desarrollar, pero al menos tiene la sensación de estar aumentando su cultura. Saca muchos centenares, millares, de fotos y las manda a sus amigos: al fin y al cabo, ¡deben enterarse de lo feliz que es!

 Pasan otros meses. Manuel descubre que el jardín no sigue exactamente las mismas reglas que el hombre: lo que plantó tarda en crecer y de nada sirve intentar ver si el rosal ya tiene botones. En un momento de reflexión sincera, descubre que lo único que vio en sus viajes fue un paisaje por la parte de fuera del autobús de turismo, monumentos que ahora están guardados en fotos de 15 x 20, pero la verdad es que no consiguió sentir ninguna emoción especial: estaba más interesado en contar a sus amigos que en vivir la experiencia mágica de estar en un país extranjero.

 Sigue viendo todos los telediarios, lee más periódicos (porque tiene más tiempo), se considera una persona extraordinariamente bien informada, apta para hablar de cosas que antes no tenía tiempo de estudiar.

 Busca a alguien para compartir sus opiniones, pero todos están inmersos en el rió de la vida, trabajando, haciendo alguna cosa, envidiando a Manuel por su libertad y al mismo tiempo contentos de ser útiles a la sociedad y estar <<ocupados>> con alguna cosa importante.

 Manuel busca consuelo en los hijos. Éstos lo tratan siempre con mucho cariño: fue un padre excelente, un ejemplo de honradez y dedicación, pero también ellos tienen otras preocupaciones, aunque consideren un deber participar en el almuerzo del domingo.

 Manuel es un hombre libre, con una situación financiera razonable, bien informado, con un pasado impecable, pero, ¿y ahora? ¿Qué hacer con esa libertad tan arduamente conquistada? Todos lo felicitan, lo elogian, pero nadie tiene tiempo para él. Poco a poco, Manuel empieza a sentirse triste, inútil... a pesar de los muchos años pasados sirviendo al mundo y a su familia.

 Una noche, aparece un ángel en su sueño: <<¿Qué has hecho con tu vida? ¿Has procurado vivirla de acuerdo con tus sueños?>>.

 Manuel se despierta con sudor frío. ¿Qué sueños? Su sueño era ése: tener un diploma, casarse, tener hijos, educarles, jubilarse, viajar. ¿Por qué se pone el ángel a preguntar cosas sin sentido?

 Comienza un nuevo y largo día. Los periódicos, el telediario, el jardín, el almuerzo, dormir un poco, hacer lo que le apetece... y en ese momento descubre que no le apetece hacer nada. Manuel es un hombre libre y triste, a un paso de la depresión, porque esta demasiado ocupado para pensar en el sentido de su vida, mientras los años corrían por debajo del puente. Recuerda dos versos de un poeta: <<Pasó por la vida / sin vivir>>.

 Pero, como es demasiado tarde para aceptar eso, mejor cambiar de asunto. La libertad, tan duramente conseguida, no pasa de ser un exilio disfrazado.

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