viernes, 18 de enero de 2013

El leñador tenaz


Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel.

 El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque.

 El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar.

 En un solo día cortó dieciocho árboles.

 - Te felicito -le digo el capataz-. Sigue así.

 Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano.

 A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque.

 A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles.

<<Debo de estar cansado>>, pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol.

 Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad.

 Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol.

 Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.

 El capataz le preguntó: <<¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?

- ¿Afilar? No he tenido tiempo para afilar: he estado demasiado ocupado talando árboles.

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