martes, 22 de enero de 2013

Autorrechazo

 Estaba allí desde el primer momento, 
 en la adrenalina
 que circulaba pos las venas de tus padres
 cuando hacían el amor para concebirte, 
 y después en el fluido
 que tu madre bombeaba a tu pequeño corazón
 cuando todavía eras sólo un parásito.

 Llegué a ti antes de que pudieras hablar, 
 antes aún de que pudieras entender algo
 de lo que los demás te decían.
 Estaba ya, cuando torpemente
 intentabas dar tus primeros pasos
 ante la mirada burlona y divertida de todos.
 Cuando estabas desprotegido y expuesto, 
 cuando eras vulnerable y necesitado.

Aparecí en tu vida
de la mano del pensamiento mágico; 
 me acompañaban...
 las supersticiones y los conjuros, 
 los fetiches y los amuletos...
 las buenas formas, las costumbres y la tradición...
 tus maestros, tus hermanos y tus amigos...

 Antes de que supieras que yo existía
 dividí tu alma en un mundo de luz y uno de oscuridad.
 Un mundo de lo que está bien y otro de lo que no lo 
 está.

 Yo te traje tus sentimientos de vergüenza,
 te mostré todo lo que hay en ti de defectuoso,
 de feo, 
 de estúpido.
 de desagradable.
 Yo te colgué la etiqueta de <<diferente>>,
 cuando te dije por primera vez al oído
 que algo no andaba del todo bien en ti.

 Existo desde antes de la conciencia,
 desde antes de la culpa,
 desde antes de la moralidad,
 desde los principios del tiempo,
 desde que Adán se avergonzó de su cuerpo
 al notar que estaba desnudo...
 ¡y lo cubrió!

 Soy el invitado no querido, 
 el visitante no deseado. 
 y sin embargo
 soy el primero en llegar y el último en irme.
 Me he vuelto poderoso con el tiempo
 escuchando los consejos de tus padres sobre cómo
 triunfar en la vida.

 Observando los preceptos de tu religión,
 que te dicen qué hacer y qué no hacer
 para poder ser aceptado por Dios en su seno.
 Sufriendo las bromas crueles
 de tus compañeros de colegio
 cuando se reían de tus dificultades.
 Soportando las humillaciones de tus superiores.
 Contemplando tu desgarbada imagen en el espejo
 y comparándola después con las de los <<famosos>>
 que salen por la televisión.

 Y ahora, por fin,
 poderoso como soy
 y por el simple hecho
 de ser mujer, 
 de ser negro, 
 de ser judío,
 de ser homosexual,
 de ser oriental, 
 de ser discapacitado,
 de ser alto, bajito o gordo...
 puedo transformarte
 en un montón de basura,
 en escoria, 
 en un chivo expiatorio,
 en el responsable universal,
 en un maldito
 bastardo
 desechable.

 Generaciones y generaciones de hombres y mujeres
 me apoyan.
 No puedes librarte de mí.

 La pena que causo es tan insostenible
 que para soportarme
 deberás pasarme a tus hijos, 
 para que ellos me pasen a los suyos
 por los siglos de los siglos.

 Para ayudarte a ti y a tu descendencia
 me disfrazaré de perfeccionismo, 
 de altos ideales, 
 de autocrítica, 
 de patriotismo, 
 de moralidad, 
 de buenas costumbres, 
 de autocontrol.

La pena que te causo es tan intensa
que querrás negarme
y, para eso, 
intentarás esconderme detrás de tus personajes, 
detrás de tu lucha por el dinero,
detrás de tu neurosis, 
detrás de tu sexualidad indiscriminada.
Pero no importa lo que hagas, 
no importa a dónde vayas.
Yo estaré allí,
siempre allí.
Porque viajo contigo
día y noche
sin descanso, 
sin límites.

Yo soy la causa principal de la dependencia, 
de la posesividad,
del esfuerzo,
de la inmortalidad,
del miedo,
de la violencia,
del crimen,
de la locura.

Yo te enseñé el miedo a ser rechazado
y condicioné tu existencia a ese miedo.
De mí dependes para seguir siendo
es persona buscada, deseada, 
aplaudida, gentil y agradable
que hoy muestras a los demás.
De mí dependes
porque soy el baúl en el que has escondido
aquellas cosas más desagradables, 
más ridículas,
menos deseables de ti mismo.

Gracias a mí
has aprendido a conformarte
con lo que la vida te da,
porque, después de todo, 
cualquier cosa que vivas será siempre más
de lo que crees que mereces.

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