miércoles, 13 de junio de 2012

Amistad


Un día un chico de trece años paseaba por la playa con su madre. Hubo un momento en que la miró con insistencia y le preguntó:

- Mamá. ¿qué puedo hacer para conservar a un amigo que he tenido mucha suerte de encontrar?

 La madre pensó en unos momentos, se inclinó y recogió arena con sus dos manos. Con las dos palmas abiertas hacia arriba, apretó una de ellas con fuerza. La arena se escapó entre los dedos. Y cuánto más apretaba el puño, más arena se escapaba. En cambio, la otra mano permanecía bien abierta: allí se quedó intacta la arena que habia recogido.

 El chico abservó maravillado el ejemplo de la madre entendiendo que, sólo con abertura y felicidad, se puede mantener una amistad, y que el hecho de intentar retenerla o encerrarla, significa perderla.

lunes, 4 de junio de 2012

El fuego de la amistad


 Un hombre (Ali) que necesitaba dinero le pide a su jefe que lo ayude. El jefe lo desafía: si pasa una noche entera en lo alto de la montaña, recibirá una gran recompensa pero, si no lo consigue, tendrá que trabajar gratis.

 Al salir de la tienda, Ali vio que soplaba un viento helado, tuvo miedo y decidió preguntarle a su mejor amigo, Aydi, si no era una locura hacer esa apuesta.
Después de reflexionar un poco, Aydi respondió:
- Te voy a ayudar. Mañana, cuando estés en lo alto de la montaña, mira hacia adelante. Yo estaré en lo alto de la montaña de al lado, voy a pasar toda la noche con una hoguera encendida para ti. Mira el fuego, piensa en nuestra amistad, y eso te mantendrá caliente. Lo conseguirás y después yo te pediré algo a cambio.

 Ali superó la prueba, cogió el dinero y fue hasta la casa de su amigo.
- Me dijiste que querías que te pagase.
Aydi respondió:
- Sí, pero no con dinero. Prométeme que, si en algún momento el viento frío pasa por mi vida, encenderás para mí el fuego de la amistad.
A todxs ellxs que encendemos fuegos de amistad y, en especial, a aquellxs que me hacen ver los fuegos de la amistad.