Un hermoso día en un parque, un joven papá empujaba el cochecito en el que lloraba su hijito. Mientras el papá llevaba a su niño por los senderos del parque, iba murmurando bajito y suave:
- Tranquilo, Jorge. Mantén la calma, Jorge. Está bien, Jorge. Relájate Jorge. Todo irá bien, Jorge, ya verás.
Una mujer que pasaba por allí, se dirigió al joven papá y le dijo:
- Usted realmente sabe cómo hablarle a un niño perturbado... con calma y con suavidad. Realmente es admirable.
La mujer se inclinó hacia el niño que estaba en el cochecito y le dijo tiernamente:
- ¿Cuál es el problema, Jorge?
Entonces el papá dijo rápidamente:
- ¡Oh, no espera... Él es Daniel, Jorge soy yo!

