jueves, 12 de abril de 2012

Amar y enamorarse

Quizás la expectativa de felicidad instantánea que solemos atribuirle al vínculo de pareja, ese deseo de exaltación, se deba a un estiramiento del instante del enamoramiento.

En efecto, en un primer momento el encuentro es pasional, desbordante, incontenible, irracional. Las emociones nos invaden, se apoderan de nosotros/as y durante un tiempo casi no podemos pensar en otra cosa que sea la persona de quien estamos enamorados/as y la alegría de que esto nos esté ocurriendo.

Estar enamorados/as nos conecta con la alegría que sentimos al saber que el otro existe. Nos conecta con la poco común sensación de plenitud.

Este estado no se sostiene mucho tiempo, pero queda inscrito como un recuerdo que sustenta la relación y que es posible recrear de vez en cuando.

Pasados algunos meses, la realidad nos invade y todo termina, o empieza la construcción de un camino juntos.
Cuando uno/a se enamora, en realidad no ve al otro/a en su totalidad, sino que el otro/a funciona como una pandilla donde el/la enamorado/a proyecta sus aspectos idealizados.

Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, son más duraderos y están anclados en la percepción de la realidad externa. La construcción del amor empieza cuando puedo ver al que tengo delante, cuando descubro al otro/a. Es allí cuando el amor reemplaza al enamoramiento.

Pasados este momento inicial comienza a salir a la luz mis peores aspectos que también proyecto en él/ella. Amar a alguien es el desafío de deshacer aquellas proyecciones para relacionarme verdaderamente con el otro/a. Este proceso no es fácil, pero es una de las cosas más hermosas que ocurren o que ayudamos a que ocurran.

Hablamos del amor en el sentido de que <<nos importe el bienestar del otro/a>>. Nada más y nada menos. El amor como bienestar que invade el cuerpo y alma y que se afianza cuando puedo ver al otro/a sin querer cambiarlo.

Más importante que la manera de ser del otro/a, importa el bienestar que siento a su lado y su bienestar a mi lado, el placer de estar con alguien que se ocupa de que uno/a éste bien, que percibe lo que necesito y disfruta al dármelo: eso hace el amor.

Una pareja es más que una decisión, es algo que ocurre cuando nos sentimos unidos a otro/a de una manera diferente. Podría decir que desde el placer de estar con el otro/a tomamos la decisión de compartir gran parte de nuestra vida con esa persona y descubrimos el gusto de estar juntos/as. Aunque es necesario saber que encontramos un/a compañero/a de ruta no es suficiente: también hace falta que esa persona sea capaz de nutrirnos, como ya dijimos. Que, de hecho, sea una eficaz ayuda en nuestro crecimiento personal.

El amor es construye entre dos, sobre la base de una química, que hace que nos sintamos diferente, quizás por la sensación mágica de ser totalmente aceptados por alguien.

Enamorarse es amar las coincidencias,
y amar, enamorarse de las diferencias.


Amarse con los ojos abiertos
Silvia Salinas y  Jorge Bucay

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