jueves, 23 de febrero de 2012

Es parte del regalo


Es parte del regalo



Una niña en África, le dio a su maestra un regalo de cumpleaños. Era un hermoso caracol.

- ¿Dónde lo encontraste? -pregunto la maestra.

La niña le dijo que esos caracoles se hallan solamente en cierta playa lejana. La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar el caracol.

- No debiste haber ido tan lejos sólo para buscarme un regalo -comentó.

La niña sonrió y contestó:

- Maestra, la larga caminata también es parte del regalo.

¿Cómo crecer?

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.

Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa
.
La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. 

Entonces encontró una planta, una Fresia, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó:

-"¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?"

- "No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a tí mismo.

No hay posibilidad de que seas otra persona ni  de tener otras circunstancias. No hay posibilidad de cambiar lo que no está en tu mano.

Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por tí mismo, o puedes marchitarte en tu propia condena...



Gracias P.

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Reflexión o tradición?


¿Reflexión o tradición?

  Se cuenta que en medio del patio de un cuartel militar situado junto a un pueblecito cuyo nombre no recuerdo, había un banco de madera. Era un banco sencillo, humilde y blanco.

  Junto a ese banco, las veinticuatro horas del día, los soldados se alternaban en una guardia constante, tanto nocturna como diurna. Nadie sabía por qué. Pero lo cierto es que la guardia se hacía. Se hacía noche y día, durante todas las noches, todos los días, y de generación en generación, todos los oficiales transmitían la orden y los soldados obedecían.

  Nadie dudó nunca, nadie preguntó nunca. La tradición es algo sagrado que no se cuestiona ni se ataca: se acata. Si así se había hecho siempre, por algo sería. Así se hacía, siempre se había hecho y así se haría.

  Y así siguió haciéndose hasta que un día alguien, no se sabe con certeza quién, quizás un general o un coronel curioso, quiso ver la orden original. Hizo falta revolver a fondo los archivos; y después de mucho hurgar se encontró: ¡Hacía treinta y un años, dos meses y cuatro días que un oficial había mandado montar guardia junto al banco, que estaba recién pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca!